«El mar no recompensa a aquellos que son demasiado ansiosos, demasiado codiciosos o demasiado impacientes. Hay que esperar, respetar y atender al mar con el corazón abierto.»
Anne Morrow Lindbergh
El Mediterráneo no falla. Cuando el sol cae a plomo sobre la arena del Candado y el mar brilla hasta hacer daño en los ojos, no hace falta más escenario que ese.
Rocío y Alberto eligieron casarse así: con los pies cerca de la arena, el viento moviendo el voile del altar, y el horizonte como testigo. Una ceremonia íntima, con los que de verdad importan, sin más ornamento que la luz de Málaga en un día despejado.
Hay algo en las bodas pequeñas que las grandes no pueden tener. La posibilidad de estar presente en todo. De ver la cara de cada persona. De escuchar de verdad lo que se dice.
Después, la celebración se quedó ahí, con el mar al fondo y las copas en alto. De esas tardes que no se planean pero se recuerdan enteras.
Si buscáis fotógrafos de boda en Málaga, podéis conocer más sobre cómo trabajamos aquí.
«El mar no recompensa a aquellos que son demasiado ansiosos, demasiado codiciosos o demasiado impacientes. Hay que esperar, respetar y atender al mar con el corazón abierto.»
Anne Morrow Lindbergh
El Mediterráneo no falla. Cuando el sol cae a plomo sobre la arena del Candado y el mar brilla hasta hacer daño en los ojos, no hace falta más escenario que ese.
Rocío y Alberto eligieron casarse así: con los pies cerca de la arena, el viento moviendo el voile del altar, y el horizonte como testigo. Una ceremonia íntima, con los que de verdad importan, sin más ornamento que la luz de Málaga en un día despejado.
Hay algo en las bodas pequeñas que las grandes no pueden tener. La posibilidad de estar presente en todo. De ver la cara de cada persona. De escuchar de verdad lo que se dice.
Después, la celebración se quedó ahí, con el mar al fondo y las copas en alto. De esas tardes que no se planean pero se recuerdan enteras.
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