En los meses previos, permanecemos cerca. Hablamos, escuchamos y os acompañamos en la planificación, pensando en la luz, los tiempos y el ritmo del día.
No creemos en horarios rígidos ni en una sobre-dirección constante. Trabajamos junto a vosotros para crear un espacio donde la espontaneidad y la emoción puedan suceder sin prisas.
El día de la boda nuestra presencia es discreta y calmada. Nos integramos como parte del entorno, atentos a lo que ocurre y actuando solo cuando es necesario.
No forzamos situaciones. Cuando guiamos, lo hacemos de manera suave y respetuosa. Trabajar como dos fotógrafos nos permite capturar tanto los grandes momentos como los pequeños gestos que a menudo pasan desapercibidos.
Tras la boda, el trabajo continúa con la misma atención. Editamos cada imagen con calma, cuidando el tono, la coherencia y la profundidad emocional por encima de las tendencias.
La colección final se construye como una narrativa duradera: un recuerdo fiel de cómo se vivió vuestro día.